Contulmo, según los Tallados de Marcelo Moris

moris.jpgRetablos de las construcciones más representativas de Contulmo realiza Marcelo Moris, artesano penquista y autodidacta que se enamoró del pueblo y de las tradiciones arquitectónicas que lo distinguen. 

Contulmo tiene el sello de este artesano en madera. Cada esquina, literalmente, sabe de su trabajo tallado en los letreros que indican el nombre de las calles del pueblo. Es uno de los aportes que Marcelo Moris (aarellanoartesania@yahoo.cl) ha hecho a la localidad de la que se enamoró hace más de una década, época en la que por distintas circunstancias dejó su natal Concepción y se instaló en el lugar del que nunca más se movió.

Por esos años se impresionó con la riqueza de las maderas nativas que abundan en las construcciones de la zona: robles, raulíes, laureles, coigües y ulmos, entre otros, que él luego se puso a reciclar y recolectar -sólo pellines, especies envejecidas que ya se han caído- y con las que, sin tener más conocimientos que un par de cursos de arte y dibujo técnico realizados en Chillán, empezó “a hacer distintas cosas”.

“Comencé a buscar técnicas para usarlas, a indagar en mi propio estilo”, dice quien con el tiempo llegó a los retablos que le han dado fama local y lo han llevado a exponer en distintas lugares. Hoy está concentrado en la preparación de una muestra que itinerará por Chile y que luego formará parte del museo de Contulmo.

La muestra contempla réplicas de quince casas típicas del pueblo; modelos a escala en los que cada detalle da cuenta del rigor que distingue el trabajo con el que saca partido a los tonos de la madera -cualidad que aumenta con los años- para recrear las texturas y formas de los materiales que dan vida a las construcciones originales.

Fotos y planos -para los que cuenta con la asesoría de la Universidad del Biobío- le sirven como guía para imitar la arquitectura desarrollada por los colonos alemanes que formaron el pueblo de acuerdo a sus tradiciones, gustos y notable habilidad carpintera.

“Mi trabajo también es una manera de rendir tributo a esa riqueza centenaria y a las maderas nativas, es un honor trabajar con ellas”, resume este artesano con alma de recolector incansable. Caminatas por los cerros o por el propio pueblo, donde hasta los vecinos le regalan o pasan datos de dónde se botó un poste, una viga o un antiguo cerco, son los proveedores de la materia prima que se acumula en su taller ubicado en el patio de una casa tan antigua como las que admiró al comienzo.

Fuente: VyD. Foto: Revista Nos

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