Kross 5, La Cerveza que Compite con el Vino

kross.jpgEste 2009, la microcervecería Kross cumplió cinco años de vida y para celebrarlos lanzó Kross 5; una cerveza compleja, madurada en roble, que sigue la tendencia mundial de convertirse en una competencia del vino en la mesa y que acaba de ser premiada internacionalmente. Esta es su historia y la de las manos que la hacen.  

La cerveza está totalmente emancipada. De ser un refresco alcohólico o un acompañamiento de picoteos, ha pasado a ser una muy buena alternativa para ir junto a las más complejas comidas. Quizás el mejor exponente de esta rebeldía es la cerveza que han hecho Ferrán Adriá y su socio Juli Soler, la dupla del mejor restaurante del mundo, El Bulli: Estrella Damm Inedit, de malta de cebada y trigo, con lúpulo, cilantro, piel de naranja, levadura y agua, la que busca “acompañar con el máximo respeto a la mejor gastronomía”, como dice en su página web. Básicamente, quién necesita el vino cuando hay cervezas premium.

En nuestro país también se están infiltrando estas cervezas complejas, gracias a que las microcervecerías -las pequeñas empresas que mezclan ingredientes artesanales naturales con producción de tecnología industrial- están creciendo a una velocidad del 15 por ciento al año, lo que significa que cada vez hay más variedad. Ahí destaca Kross 5, creada por esa microcervecería nacional en su quinto año de funcionamiento, y que es de las pocas en Chile que usa el envejecimiento con roble, técnica de moda en EE.UU. Una cerveza que no sólo viene a marcar la consolidación de Kross, sino que además se acaba de ganar una medalla de oro en la World Beer Championship en EE.UU. “Somos parte de un movimiento que trata de pelearle un poco la mesa al vino. Decir: oye, la cerveza tiene la misma o incluso más variedad, con muchas complejidades. En EE.UU. ya se dice que esta bebida es el nuevo vino, yo creo que acá va a pasar lo mismo en cinco o diez años más”, cuenta el maestro cervecero de Kross, Asbjorn Gerlach.

EL CAMINO PREMIUM. La historia de Kross comenzó en 2003, cuando el ingeniero comercial José Tomás Infante, hoy de 33 años, venía volviendo a Chile después de seis meses de trabajo en Irlanda. En ese país, que tiene un consumo de cerveza de 200 litros por persona al año, había mucha más variedad de la bebida, mientras que en Chile, donde hoy recién hay un consumo de 35 litros por persona, estaban las grandes cervecerías industriales, un par de más pequeñas y artesanales como Kunstmann, y no mucho más. “En el mundo hay más de 50 o 60 tipos de cerveza, y en Chile, antes de la llegada de las microcervecerías sólo se conocía una, las lager, que es como decir que uno sólo toma cabernet sauvignon”, cuenta Infante.

Fue a un pub irlandés donde le sirvieron una cerveza negra que le encantó, y pregunto que quién la hacía. Así llegó al cervecero alemán radicado en Chile Absjorn Gerlach, 40 años, oriundo de Berlín y con 23 años de experiencia en el rubro. Gerlach se vino a Chile por amor, y llevaba cuatro años en el país produciendo su cerveza en la planta de Budapest (le arrendaban equipos y le cobraban por litro producido), y la vendía sólo en barriles. Infante y Gerlach comenzaron a discutir la posibilidad de embotellarla, de buscar capital, de asociarse. Sumaron entonces a Carlos Prochelle, dueño del pub Dublín y al primo de José Tomás, Rodrigo Infante, quienes hasta hoy funcionan como socios inversionistas.

Durante su primer año produjeron pequeñas cantidades de Stout, su cerveza negra, y de Golden Ale, una pale ale a la inglesa, las que ellos mismos iban a repartir en camión. Cuando estaban listos para crecer, postularon a la incubadora de proyectos de la Universidad Católica, Genera UC, y fueron seleccionados entre los tres mejores, con lo que presentaron Kross a inversionistas; fue ahí cuando la familia Schiess, dueños de Termas de Puyehue, compró el 40% de Kross. Usaron ese dinero para instalar su propia cervecería en Curacaví, la que ya tiene tres años. “Los mayores desafíos entonces fueron buscar el capital, que los socios nos creyeran cuando casi lo único que teníamos era un power point”, recuerda Infante. “Y te diría que también fue difícil buscar los treinta primeros clientes: llegar y decir ‘mira esta cerveza, es de nicho, es más boutique, pruébala’. Te decían que nadie la conocía, que nadie la iba a pedir”.

Lo que funcionó a su favor es que el consumo de cerveza en nuestro país lentamente ha ido cambiando, y de a poco se ha abierto a probar nuevos sabores, a arriesgarse con marcas pequeñas y artesanales. Y hay nuevo público dispuesto a pagar el valor agregado que tiene una cerveza de mayor producción, que puede costar hasta el doble de una industrial: “Aunque hay gente a la que se le sale del presupuesto, es un lujo súper accesible. En esta crisis por ejemplo, lo que pudimos ver fue que el consumo de vinos premium bajó, sin embargo el de cerveza premium subió; la gente igual quiere salir, pasarlo bien, sacarse la pega de encima, y migra entonces de vinos más caros a cervezas de mejor calidad”, cuenta Infante.

La Kross 5 es justamente una de ésas: una ale fuerte que a los cuatro ingredientes básicos cerveceros, cebada, agua, lúpulo y levadura, le agrega un quinto: chips de madera de roble, trozos que se le incorporan a la cerveza después de la fermentación, en la etapa de maduración, por ocho semanas. “Lo que logramos fue incorporar nuevos perfiles de sabores, coco, vainilla, cosas que le aporta la madera al vino, pero en cerveza”, dice Infante sobre la Kross 5, que termina siendo una cerveza de 7,2 grados de alcohol.

La idea de hacerla nació como celebración de sus cinco años como empresa, y, por lo mismo, se escogió un formato de botella de 750 cc, más parecido al de champaña. Asbjorn Gerlach recuerda: “Dijimos: ya cumplimos 5 años, estamos vivos, incluso creciendo, entonces hay que festejar con algo”. Fueron a la bodega y vieron que para hacer sus hasta entonces cuatro variedades de cerveza tenían ocho tipos de maltas, seis lúpulos, dos levaduras, y decidieron usarlo todo, y añadirle el envejecimiento de roble americano.

En el World Beer Championship, concurso efectuado anualmente en EE.UU. desde 1994, donde la cata es a ciegas y es famosa porque los expertos no prueban más de 35 cervezas al día, la Kross 5 sacó 90 de 100 puntos, lo que la deja en la categoría “Excepcional”. A las notas de cata de los expertos (”aromas de azúcar morena, yogur de vainilla, y praline”, etc,.), se añadía la conclusión, que es lo que también destacan sus creadores: es una cerveza compleja, de la que igualmente se pueden beber varias copas sin hostigarse: “Una agradable, muy tomable cerveza añejada en roble”.

Ficha

KROSS 5: $2.500 aproximadamente en supermercados Líder, la tienda Concha y Toro de Alonso de Córdova y en www.kross.cl. Botella de 750 cc. Maridar con carnes como ciervo, jabalí, cordero al romero. Quesos maduros pero no muy fuertes, como un Gauda.

Fuente: Wikén

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