Parque Nacional Torres del Paine Cumple 50 Años

Se cumplen 50 años desde que fue declarado Parque Nacional. En su honor, recogimos siete historias muy diversas que retratan la importancia de esta maravilla natural para nuestro país.
Corazón patagónico
Por Francisco Coloane, escritor, en “Patagonia”, Ed. Grijalbo, 1999.
“Atravesamos las praderas de la estancia Cerro Castillo, que son una transición entre la abrupta naturaleza de la Patagonia Occidental y la pampeana Oriental, tan favorecida por sus condiciones climáticas. Los coironales sacudidos por el viento semejan el oleaje de un mar de acero verde; el poeta quiere sentir el viento y en plena pampa levanta los brazos con alegría y los mueve como si galopara en un caballo invisible.
Dejamos la cordillera Baguales a la derecha y penetramos de nuevo en las escarpadas ondulaciones precordilleranas que llevan al macizo del Paine, cuyas tres torres características dominan los contornos.
Las rocas del camino nos hablan con elocuencia dramática de los cataclismos volcánicos que les dieron origen. En el puente colgante sobre la catarata por la que desemboca el lago Nordeskjold al Pehoe, me encuentro con una sorpresa que me toca íntimamente: una placa de bronce dice: “Werner Gromsch, en homenaje a la afición de este profesor por las exploraciones”. Lo tuve de maestro de inglés en el Liceo de Punta Arenas allá por 1924.
El viento corre a 80 kilómetros por hora con rachas de mayor o menor intensidad, arrancando de la cascada cortinas de agua que se esparcen al aire con tornasolada belleza. En el Lago Pehoe se levantan trombas de agua que pasan rugiendo como el “lemish”, el legendario tigre de los lagos que se les aparecía a los indios tehuelches.
Estamos ya en el Parque Nacional Torres del Paine. Es el corazón mismo de la Patagonia chilena”.
Desde el cielo
Por Guy Wenborne, fotógrafo profesional.
“Hace veinte años hice mi primer viaje como fotógrafo. Y ese viaje terminó en Torres del Paine. Había escuchado mucho del parque, pero, de todos modos, me sorprendió y me quedé un par de días extras para ir hasta la base de las torres.
Sin embargo, la verdad, sólo me di cuenta de lo impresionante que era el lugar cuando tiempo después compré un libro del fotógrafo y aventurero Galen Rowell, quien decía que Torres del Paine era la mejor locación natural del planeta. Y daba tres razones: la concentración de fauna, que casi no había guardaparques y la geografía majestuosa.
He vuelto decenas de veces al parque, para trabajos profesionales, pero fueron las fotografías aéreas las más significativas, en cuanto reconocimiento profesional, desafío técnico y satisfacción personal. Tal vez por lo complejo que resulta: desde conseguir el avión, despegar a tantos kilómetros de distancia, sin saber con certeza las condiciones climatológicas que habrá al momento de disparar. Sólo en el tercer intento obtuve la imagen que buscaba, a la hora y con la luz perfecta”.
Parque de aventuras
Gastón Oyarzún, montañista.
“Torres del Paine atrajo la mirada de los mejores montañistas del mundo desde mediados del siglo pasado.
El parque ha cambiado mucho desde 1968, cuando yo fui por primera vez. Principalmente por la gran cantidad de turistas que hoy llegan y, después, por la aparición de hoteles de lujo, refugios, campings, senderos, mapas y la nueva tecnología de montaña. Pese al progreso, las montañas no han cambiado y mantienen el mismo mal clima, ventoso e impredecible. Es por eso que sólo el 25 por ciento de las expediciones concreta sus objetivos”.
El nuevo turismo
Germán del Sol, arquitecto creador del hotel Explora.
“Mi primer contacto con la Patagonia fueron historias como la de Sir Ernest Shackleton. Más tarde vinieron los cuentos de Francisco Coloane, Bruce Chatwin y los testimonios de vida entre los últimos onas y yámanas del Padre Martín Gusinde. Cuando joven no tenía plata para llegar hasta allá y fue sólo en 1988 que conocí la Patagonia: vasta, a veces verde, otras montañosa y nevada.
Torres del Paine me pareció una verdadera reserva de belleza natural y cultural casi intocada, sin hoteles ni turistas. Por eso, al regreso del viaje le propuse a José Luis Ibáñez que la aerolínea Ladeco construyera un hotel allí. Él me dijo: “¿Por qué mejor no me propones un proyecto de viajes al sur de América?
En un viaje a bordo de un avión pequeño a Puerto Williams escribí de corrido los fundamentos del proyecto de viajes que después llamé “explora”.
En medio de la crisis de la uva de 1989, José Luis Ibáñez me presentó a su hermano Pedro, quien llevó adelante la idea con mucha habilidad y medios.
Entonces fuimos a comprobar que en Patagonia se puede pasear a gusto al aire libre todo el año -en esos años Torres del Paine se cerraba el 1 de marzo y se abría el 1 de diciembre- y trazamos los paseos que después ofreceríamos a las visitas del hotel.
Con la inauguración del hotel en 1993, la Patagonia chilena se abrió al mundo de los viajes de exploración de lujo. Y llamo lujo al privilegio estar, por ejemplo, en un silencio no interrumpido. O gozar de espacios abiertos amplios y sin cercos”.
El génesis
Por Mateo Martinic, Premio Nacional de Historia en 2000, experto en Patagonia.
“Los registros más antiguos de ocupación humana datan de hace diez mil años, cuando los primeros habitantes recorrieron sectores pertenecientes o aledaños al actual parque, probablemente en plan de caza. En una época indeterminada, tal vez anterior a nuestra era o justo después de su inicio, cazadores recorrieron sectores vecinos al lago Sarmiento, dejando como testimonio algunas pinturas rupestres. Tanto en las visitas de éstos, como en las de sus predecesores y sucesores, debiera aceptarse como una de las motivaciones el agrado que les brindaba el espléndido ambiente natural, por su riqueza en recursos, lo imponente del paisaje y la fuerza de sus formas geológicas.
Desde entonces, las características de la ocupación humana se mantuvieron casi en las mismas condiciones, influenciadas por las variaciones climáticas.
Acompañado por dos ayudantes, en 1877 el teniente de la Armada de Chile Juan Tomás Rogers, recibió el encargo de Supremo Gobierno de explorar la zona. En su diario de viaje, Rogers escribió las primeras menciones geográficas y naturalistas sobre el territorio que hoy corresponde a Torres del Paine, convirtiéndose así en el primer explorador científico de ese sector de la Patagonia Austral. Un par de años más tarde, la viajera inglesa Florence Dixie -la primera turista de la Patagonia, de acuerdo al concepto que manejamos hoy- llegó a la región. De su viaje quedaron las primeras descripciones emitidas sobre la naturaleza y los primeros grabados conocidos del actual parque”.
Cuestión de familia
Por Liliana Kusanovic, líder de la única familia que habita el parque, propietaria del Hotel Las Torres.
“Mi padre, Antonio, compró los terrenos en 1979 a Juan Radic, propietario de la estancia Cerro Paine. Y compró barato, pues se trataba de terrenos ganaderos de mala calidad. Entonces, la tierra no tenían ningún valor turístico y los pocos viajeros que llegaban, especialmente escaladores, eran bienvenidos en la casa. A mediados de los 80, los visitantes empezaron a ser decenas cada mes y, entonces, se convirtieron en un problema, porque no contábamos con las facilidades para atenderlos ni alimentarlos. Así, se creó un área de camping.
Más tarde, algunos operadores de turismo locales hablaron con mi padre para que levantara un hotel. Él construyó la primeras 18 habitaciones de la hostería, que inauguramos a fines de 1992. Por un tiempo, la ganadería continuó siendo el negocio principal. Pero, como la demanda aumentó (en un promedio de 12 por ciento cada año), el turismo se convirtió en nuestro negocio principal. Un negocio difícil: las rachas de viento nos han volado techos y volcado vehículos, y las inundaciones por los deshielos nos han dejado aislados por varios días”.
De película
Miguel Littin, director de cine, en Torres del Paine filmó “Tierra del Fuego” en 1999.
“La idea hacer la película -que cuenta la historia de Julius Popper, aventurero rumano que en 1960 tomó posesión de Tierra del Fuego en nombre de su reina- nació de la gran admiración por la literatura de Coloane. Así, desde niño supe de estos paisajes, pero no fue sino hasta 1996 que los vi por primera vez.
Entonces, me di cuenta de que si uno quería que las cumbres aparecieran, se debían poner las cámaras a gran distancia y usar lentes especiales. Mientras filmaba Tierra del Fuego, en 2000, me fui dando cuenta de cómo el paisaje determinaba la narración, pues la cordillera del Paine no sólo es monumental por su altura o la belleza, sino sobre todo porque posee una espiritualidad que es muy difícil transmitir con palabras.
El parque es una de las locaciones más impresionantes en que he filmando, donde pareciera que uno está en un mundo diferente, en otra realidad. Se trata de una plataforma terrestre que lleva a la presencia de un misterio no resuelto y hace que te preguntes ¿cómo sobre la Tierra se construyen esas catedrales geográficas?”.
Fuente: Revista del Domingo. Foto: amatorresdelpaine.org
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