Marcelo Cicali, Alvaro Henríquez y la Yein Fonda

El dueño del bar Liguria y el vocalista de Los Tres son yunta desde hace más de 10 años, cuando un plato de charquicán bien chileno los unió. Y aunque suelen ser reacios a hablar frente a un micrófono (ya que sus trabajos hablan por sí solos, dicen), abrieron una pequeña ventana para mostrar a la hija que hoy comparten y que se ha transformado en un clásico dieciochero: La Yein Fonda.
Cuando alguien que no suele dar entrevistas quiere hablar, se crea una expectación. Se esperan secretos, revelaciones, verdades de ese silencio impuesto en unos tiempos donde todos, famosos o no, tienen algo que contar. Y en el caso de los amigos Álvaro Henríquez -vocalista de Los Tres, probablemente un genio musical que ha sido un redescubridor de la cueca y quien se pelea, se amiga y se vuelve a pelear con miembros de sus bandas- y Marcelo Cicali -dueño del Liguria, amante de la comida chilena y hombre que disfruta estar en las sombras del bar en donde la farándula y la política encuentran la paz porque lo que pasa entre sus cuatro paredes ahí se queda- da un poco de temor. No dan muchas entrevistas, y tienen un club de lealtades y de afinidades que no les gusta abrir y ventilar.
No ayuda tampoco que cuando se confiesa el nerviosismo con que se venía a enfrentarlos, el chiste de Cicali sea un resignado “¿Qué habías escuchado?”.
El alivio viene con una conversación rodeada de pisco sours que es amable, divertida y fluida. Se dignan a hablar ahora sobre un tema que los llena de un orgullo y en el que son ciegos a las críticas y generoso en alabanzas: la hija que comparten, que aunque nació de la mano de Henríquez, Cicali ayudó a consolidar: La Yein Fonda.
Ese festejo patrio que es mitad ramada, mitad concierto y mitad encuentro chileno culinario se ha transformado en un nuevo clásico de la capital, que viene de estos dos hombres que, como bien recalcan, fueron pioneros en el festejo y celebración de la chilenidad, los 365 días del año. Un patriotismo que hoy se ha colado en los menús de hasta los más elegantes restaurantes, y en el repertorio musical de bares tan taquilleros como el Catedral.
Pero no partimos con lo chileno, eso viene después, a los diez minutos exactos, cuando Cicali se encarga de encauzar la conversación hacia la fonda que nos convoca. Pero antes de eso, un poco antes, partimos hablando de lo que vino primero. De su amistad.
CONQUISTAR POR EL ESTOMAGO
La cosa fue así, cuenta Cicali: empezó por un plato de charquicán con longaniza. Era 1998 o 1997, y Álvaro Henríquez llegó al Liguria, punto elegido por su sello de entonces como locación para una entrevista. Cicali, que estaba en la barra, lo vio entrar junto a sus compañeros de grupo. “Llegaron saludando a toda la gente y eso me gustó, se notaba que no eran santiaguinos. Se nota todavía”, acota Cicali sobre Los Tres, banda originaria de Concepción.
Cuando había terminado la entrevista, pasó un garzón con una bandeja de charquicán con longaniza, y como era bajito, la puso en alto y le pasó por la nariz a Henríquez, quien inhaló, de forma espontánea, golosa e inconsciente, el plato. Marcelo Cicali supo entonces que este hombre era de los suyos.
Un rato después, Cicali se sentó a comer con el músico de Los Electrodomésticos Carlos Cabezas, quien llegó casualmente al Liguria. Henríquez se les unió y Cabezas los presentó. La cosa terminó con Álvaro Henríquez convidado a almorzar al día siguiente con Cicali. Un rico almuerzo con cebiche de camarones.
“Y yo soy alérgico a los camarones”, dice Henríquez.
“Más amigos nos hicimos”, dice Cicali. Así se forjó una amistad que va del estómago al oído y de vuelta, y se refuerza con todo lo que tienen en común. Primero: los dos tienen abuelos inmigrantes italianos; el de Cicali que puso el bar Los Tres Mosqueteros en avenida Matta, y el de Henríquez, que puso la panadería La Porteña en la avenida Colón de Talcahuano.
Segundo: los dos se consideran, a sí mismos y el uno al otro, gente de esfuerzo, porque uno empezó acarreando equipos y el otro empezó lavando platos en restaurantes familiares. Uno se fue de su casa a los 18 y el otro a esa edad se vino a Santiago. Y está también la aversión por las entrevistas que el dueño del Liguria siempre ha tenido, porque su negocio habla por sí mismo, y que a Henríquez se le ha pegado. “No hablamos a menos que tengamos algo interesante de qué hablar”, dice el músico.
Una amistad fuerte, a la italiana y a la chilena, que hace que la mamá de Henríquez considere que el Liguria es la segunda casa de su hijo y que Cicali la considere a ella como una segunda madre.
Pero hay algunas diferencias entre los yuntas: mientras Cicali dice muy nostálgico que siempre fue bueno para la fonda, Henríquez cuenta que él no tanto. La fonda que tienen en común, eso sí, es para ellos mucho trabajo pero pura felicidad. El edén, insiste Cicali, “por la música, el olor, la actitud de la gente”. Henríquez no se cansa de jactarse de que nunca han tenido un problema grave, que las únicas veces que los carabineros van a hablarle es para pedirle una foto y que la única pelea de curados registrada en sus recuerdos, terminó con las dos mil personas de público sacando ellos mismos a los mocheros desubicados.
LA YEIN DE SUS AMORES
La idea de la fonda se le ocurrió a Henríquez, luego de una conversación con Roberto Parra, el hombre de “La Negra Ester”, que tuvieron caminando por las calles de San Antonio. “Don Roberto me dijo, ‘Alvarito, cuándo vamos a hacer una fonda los dos. Nos vamos miti-mota. Por último, ponemos unas ramitas por si llueve…”, recuerda Henríquez.
Parra murió antes de concretar cualquier plan fondero. Henríquez decidió seguir con la idea, aunque “me miraron como si estuviera total y absolutamente loco”, cuenta. En 1996, en una carpa instalada en la Plaza Ñuñoa, debutó la Yein Fonda, a pesar de una lluvia inclemente que amenazó su estabilidad y que debía ser sacada del interior del recinto por los mismos músicos y viejos cuequeros. Desde entonces, se hace todos los años.
Cicali se unió al baile en 2001. Henríquez estaba recién separado de Los Tres, y el dueño del Liguria le insistió al músico que la Yein Fonda se debía hacer igual, y comenzó a poner la parte gastronómica del festejo: el Liguria cierra los días dieciocheros, se traslada con bultos y petacas a la Quinta Normal, y los siempre discretos mozos ligurianos, se inscriben libremente en una lista si es que quieren trabajar allá. “Álvaro tenía la visión, yo la misión”, dice Cicali. Y repite vehemente que hay que repetirla, repetirla, repetirla, si se quiere construir una verdadera tradición.
Hoy la Yein Fonda consiste en una fiesta que parte el 16 de septiembre en Concepción, y luego sigue el 17 en la Quinta Normal de Santiago; en el día se hacen juegos familiares y se accede pagando sólo $1.000, y en la noche es un eterno rotar de artistas en el escenario, liderados por Henríquez, quien este año además de acompañar a sus invitados, tocará con Los Tres y con su recién reagrupada banda, Los Pettinellis. Se llena de orgullo al decir que su público es incondicional y no es de “gente intelectual”, sino que de gente “sensata”, que llega de todos los niveles y lados.
- ¿Pero no encuentran que sí segregan por estratos con el precio de diez mil pesos? Sobre todo este año.
Cicali y Henríquez saltan a defenderse. Cicali parte diciendo que, ojo, sólo hace cuatro años se cobra esa entrada. Y agrega: “Fui a ver a Cat Power al Caupolicán, y me encantó. La entrada costaba 20 lucas y el show duraba una hora veinte. Acá estamos hablando de seis horas ¡Seis horas! En total 50 músicos en escena. ¿Por diez lucas? Perdóname, pero deberíamos haber subido la entrada”. “Que la gente no tenga las diez lucas en el momento es otro rollo. Yo ahorraría las diez lucas para poder pagarla”, dice Henríquez.
- ¿Pero es negocio?
“A veces no, a veces no es nada de negocio. No llega ni a la ‘n”‘, dice Cicali.
“Y a veces ha pasado que sí, que hemos ganado plata”, complementa Henríquez.
Aseguran que no piensan en ganancias y que la única regla es no perder plata, y no deberle nada a nadie.
Además de todo lo que cuesta pagarle al personal y montar la enorme infraestructura, está el tema de los 50 músicos, seleccionados por Henríquez, que van desde clásicos como María Esther Zamora y Pepe Fuentes, a Buddy Richard este año, la banda joven Primavera de Praga, y el muy popular grupo cumbianchero chileno, Chico Trujillo. Éste último es liderado por Aldo “Macha” Asenjo, a quien Henríquez conoce porque es muy amigo de su compañero de Los Tres Titae Lindl. Aunque suele estar de viaje por estas fechas, cuando Henríquez le dijo en enero pasado que lo quería en la fonda, Asenjo se comprometió a llegar. Y ahí va estar.
Cicali y Henríquez saben que crean lealtades entre quienes reconocen el esfuerzo que han hecho por levantar lo chileno. De hecho, Tommy Rey, un clásico de la Yein Fonda, no estará este año porque se va de gira a Canadá, pero muy a su pesar. “Estaban muy afligidos porque no iban a poder estar, me decían: ‘Dígale al Macha que este año no más”‘, cuenta Henríquez.
Cicali está a cargo de “la otra comandancia”: la de la comida. Él elige qué platos se van a servir, y supervisa en terreno el funcionamiento de esa operación. “Yo siempre pregunto si hay reclamos. Eso a partir de una cosa que me contó el Álvaro, que Andrés Pérez se sentaba atrás de sus funciones para ver cuánta gente se iba. Yo también me pongo detrás de mi parte, para ver cuánta gente reclama. Nunca reclaman”.
Ése es el negocio de la Yein Fonda, el del Liguria y el de Los Tres, y no tiene nada que ver con cifras: la gente no reclama, sino que disfruta, porque Henríquez y Cicali son finalmente unos profesionales del goce. Y del goce a la chilena. Y por lo mismo, el próximo año, para el Bicentenario, va a ser la misma Yein Fonda de siempre no más, sin parafernalias extraordinarias. Cicali explica: “Acá en el Liguria, por ejemplo, no ponemos guirnaldas ni banderas, porque como nos enseñó Pepe Fuentes y la María Esther Zamora, es 18 todo el año. Y es 31 de diciembre todo el año. Por eso no sólo tenemos chicha y vino tinto y borgoña, también tenemos cola de mono. No es menor: es el espíritu de la celebración”.
Yein Fonda
16 de septiembre en Suractivo de Concepción; 17, 18 y 19 de septiembre en la Quinta Normal (De 13 a 18 horas, $1.000, de 20 a 05 horas, $10.000 por Feriaticket).
Fuente: Wikén. Foto por Sally0Cinnamon
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