Teatro del Lago; El Teatro de Opera más Austral del Mundo

teatro.jpgElla es hija del empresario alemán Guillermo Schiess y trabajaba en la Orquesta Filarmónica de Viena. Y él era un importante ejecutivo del mundo musical en Europa, pero se quedó en Chile por amor. Hoy, ambos son el motor del proyecto que cambiará el sur del país: el teatro de ópera más austral del mundo. 

Vicente Pérez Rosales se debe estar dando vueltas en su tumba de pura alegría. Ahora sí que se están concretando sus sueños de innovación y creatividad para el sur de Chile. Porque cuando el Estado lo nombró agente de la colonización alemana en 1850 y echó a correr su espíritu aventurero embarcando a cuanto alemán quisiera venir a limpiar esta selva que teníamos al sur de las tierras mapuches, él les dio un chuzo y una guadaña a cada uno. Tal vez una pala. Había que despejar los alrededores del inmenso lago Llanquihue y civilizar la región con costumbres chilenas. Y lo logró. Pero nunca se atrevió a especular con lo que ocurriría 150 años después: que a ese mismo escenario magnífico de lago y volcanes llegaría una pareja de alemanes con el mismo sueño para la región, pero muchísimo más sofisticado. Un sueño del siglo XXI, en el que se educa a través de la música, con proyección mundial y sustento económico.

Cambiaron los chuzos por violines. Es como para pensar que Pérez Rosales sonríe.

Nicola y Uli no tienen mucha conciencia de que su idiosincrasia germana los hace más armónicos con la gente de Frutillar o de Puerto Varas. Y es cierto que llegaron allí por otros caminos, pero el hecho de haber clavado sus anclas en el sur de Chile y de estar entregados por entero al proyecto del Teatro del Lago no es una mera coincidencia.

-La razón por la cual mi familia llegó aquí fue por las Semanas Musicales de Frutillar, que ya tenían una larga trayectoria. Mi padre era auspiciador de ese festival y veníamos a Frutillar desde que éramos muy chicos. Pero es cierto que este lugar se presta para nuestro proyecto, porque su belleza y tranquilidad influyen en el alma de la gente, en los ojos, en los oídos, y todo eso nos apoya para que nos concentremos en la música.

Nicola Schiess tiene 39 años, la cara deslavada, los ojos celestes y una actitud más práctica que romántica. Está de paso en Santiago con su marido, Uli Bader, también de 39 años, y su hijo de un año, Valentín. Tienen los minutos contados y no está para responder preguntas de su vida personal. Sin embargo, Uli, que lleva sólo tres años en Chile y que se dispuso a aprender castellano después de declararse enamorado de Nicola, de Frutillar, de Chile y muy especialmente del Teatro del Lago, es más extravertido.

-Estamos descubriendo que obviamente los colonos alemanes trajeron su cultura musical, sus coros, sus instrumentos para hacer música en la casa. Pero las últimas generaciones perdieron esas costumbres. Muchos pianos pasaron demasiado tiempo sin tocarse y se desafinaron… Se perdió la regularidad de hacer música de cámara y nosotros la estamos retomando. De hecho, en la Casa Richter -una antigua casona colonial en la costanera de Frutillar, donde tenemos la escuela de las artes-, llegan jóvenes que traen el violín del abuelo porque quieren aprender a tocarlo.

La mejor decisión

El espíritu aventurero de los hermanos Schiess Schmitz lo heredaron de su padre, el empresario chileno-alemán Guillermo Schiess. Él peleó en la Segunda Guerra Mundial y fue tomado prisionero por los rusos. Cuando lo trasladaban a Liberia logró arrancarse. Caminó por semanas por las inhóspitas estepas rusas hasta que descubrió un campo de prisioneros que estaba al mando de los norteamericanos. Allí fue cocinero y logró que lo devolvieran a su tierra natal cerca de Düsseldorf, hasta que decidió cambiar de vida y se embarcó a Valparaíso donde tenía un tío. Aquí vendió papas y chuño, como dice Nicola, pero recorrió Chile de sur a norte. En un viaje a Alemania conoció a Alexa Schmitz, se casaron y tuvieron a sus cuatro hijos en Santiago. Él se fue convirtiendo en un próspero empresario, sobre todo inmobiliario. Partió comprando las Termas de Puyehue y terminó formando una constructora que se hizo cargo del magnífico lugar del hotel que se quemó a orillas de la playa de Frutillar, en 1996. Ahí puso  su último sueño: construir sobre esas cenizas el teatro más importante del sur del mundo, no sólo para que las Semanas Musicales tuvieran su casa sino para que las artes todas inundaran esa belleza natural.

Consiguió que la municipalidad donara el sitio, puso ese mismo monto en una sociedad anónima y comenzó a construir este Teatro del Lago. Cuando en 1998 falleció, sus hijos lo continuaron. Nicola llevaba  15 años viviendo en Europa, se había titulado en administración de empresas, en hotelería y en musicología, en Sudáfrica y Paris. Pero nunca dejó de venir a Chile y sabía que haría aquí su vida, tal como quería su padre.

-La música estaba siempre en mi casa. Todos tocábamos un instrumento, pero yo sabía que mi educación musical no tenía el nivel que requiere un músico profesional. Por eso me fui especializando en gestión cultural. Estaba a cargo de la Orquesta Filarmónica de Viena. Hicimos una gira por Europa. Cuando llegamos a dar un concierto a Colonia conocí al encargado de la Filarmónica de allí que era Ulrich Bader.

Uli sonríe mientras la mira con ternura y agrega:

-Sí, ahí nos conocimos como dos colegas y nos hablábamos de vez en cuando -creo que una vez al año- durante mucho tiempo. Luego me nombraron director artístico de la Nacional Sinphony Orquestra del Kennedy Center en Washington. Ahí tenía a mi cargo 120 músicos y decidía y contrataba a directores de orquesta y solistas.

Un día, a los 35 años, decidió venir a Chile para ver a su amiga Nicole -que hace poco se había hecho cargo de la primera etapa del Teatro del Lago en Frutillar-, al fin del mundo.

-Depende de cómo pongas el mapa, porque también puede ser al comienzo del mundo -ríe Uli-. Será el fin del mundo, pero es el más bello que existe en el planeta. La gente busca esto.

El paseo a Chile le salió muy intenso. En poco tiempo, descubrieron que estaban enamorados y que querían compartir este proyecto y la vida. Se casaron en Alemania, por la iglesia luterana. Y celebraron el matrimonio en Frutillar, en la obra gruesa del Teatro del Lago.

-Fue muy lindo -dice Nicola con una amplia sonrisa, reconociendo que ella estaba tan impresionada como él de la locura que estaban viviendo. “Él hizo este cambio de 180 grados, y la verdad es que desde ese momento está enteramente entregado a esto, sin dudas ni arrepentimientos. Fue la decisión más rápida de su vida”.

Uli asiente con toda transparencia. Como diciendo que además de rápida, fue la mejor decisión de su vida. Así lo explica:

-Ya había logrado un cargo muy alto en Washington, ya conocía a los artistas más importantes del mundo; hasta cierto punto, había llegado a un tope en mi carrera. Pero en ese momento me pareció mucho más atractivo vivir el amor y el amor a un proyecto aquí, donde se puede realizar algo importante para un país, para una gran región. Eso fue lo que me atrajo.

Frutillar todo el año

Se radicaron en Frutillar y lo primero que hicieron fue abrir canales de financiamiento para apoyar la cultura y la educación. También tienen un departamento y oficina en Santiago. Formaron un círculo de amigos del teatro y, además, un círculo mundial de amigos que está en Alemania, que ahora se amplió a Estados Unidos y seguirá por el resto del mundo. Las redes de ambos son extensas, por eso llegan a muchos auspiciadores internacionales.

La idea de Nicola siempre fue no sólo construir el teatro, sino además convertirlo en un centro artístico, cultural y educacional que contribuya a elevar la calidad de vida. Para ello arreglaron la Casa Richter donde se hacen clases de música, de danza; donde hay ciclos de cine, de teatro y literatura, y donde hasta se rescata el origen y la melodía del organillero. Algo muy delicado para una zona agrícola y ruda. Pero hasta ahora los resultados son asombrosos. Los niños, jóvenes y viejos viajan de todos los pueblos cercanos a clases de canto o de violín, todos quieren participar.

-La cultura y la educación no se autofinancian en ninguna parte del mundo. Por eso tenemos que abrirnos a la parte comercial. El teatro se arrienda para congresos, para matrimonios, para eventos tanto chilenos como extranjeros. Ahora, en septiembre, por ejemplo, viene la Travel Mart Latinoamérica 2009, la feria turística más grande de América Latina con sede en Miami.  Es la primera vez que una feria internacional se hace en regiones y no en la capital. Y esto es posible sólo gracias a que existe este espacio.

Desde 2005 este teatro está operando en alguna de sus etapas y  por eso Frutillar tiene música todo el año. Ahora están en la etapa final. Un teatro de 2.000 metros cuadrados va a tener 10.000. La sala principal con 1.200 butacas, foso de orquesta y todo lo necesario para presentar una ópera en grande. Eso será inaugurado a fines de 2010 y será el teatro más moderno de Chile.

-Queremos que sea un orgullo para todos los chilenos -dice Nicola con emoción. Parece que esta pareja no improvisa. Hace todo lo que tiene que hacer para conseguir su principal objetivo que es mejorar la educación a través de la música.

-Es un hecho que los niños que tocan un instrumento tienen más concentración, más autoestima, menos agresividad y más posibilidades de solucionar temas complejos. Hay tanto que hacer aquí, porque hay mucho talento que vale la pena desarrollar, agrega Uli con su acento alemán.

Fuente: El Sábado

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