De Atunes en Isla de Pascua

Antes de tener que pagar algún salvoconducto para comerlo, fuimos a Isla de Pascua a probar algunas preparaciones con atún con nada de fuego de por medio. He aquí una cruda verdad.
¿Isla chica, infierno grande? No, no, pero también es cierto que los paradisíacos aires del Ombligo del Mundo han tomado tintes algo huracanados en estos días. Y la razón es simple: con ese atún, dan ganas de quedarse (aunque con los precios y escasez de vinos, se genere el proceso contrario). La cosa es que utilizando algunos días, que se hacen pocos, la idea fue probar allí algunas preparaciones con atún fresco. Y casi crudo, que es la mejor forma de apreciarlo. En el caso de las langostas… los precios hacen recomendable olvidarse de ellas. Pero ojo también que lo oneroso es porque los fletes y la condición insular encarecen todo. Y hasta el mentado pescado emblema cuesta, en su preparación semicruda, entre los $8.000 y $10.000. Un precio que en Santiago, haciendo honor a esas porciones, sería casi el doble, la verdad. Caro es, y algunos lugareños hablaban de lo bueno y barato que es el kiosco azul, cerca de la caleta, pero con dos días cerrado, fue imposible saberlo. Es el ritmo de la Isla, dicen.
De los vinos, el tema es más duro. Un varietal puede costar $10.000.
MANOS AL CEBICHE
Partió esta odisea en la avenida principal, en el Café Raá, que tiene horario continuado y una carta de vinos Anakena. En este caso, como se repite en la isla, el cebiche es casi como el polinésico. Esto quiere decir, con multiplicidad de verduras picadas -tomate, pepino y otros, y la cebolla como un ítem más-, una cuota de limón y -esto no se usa en la isla- leche de coco. En el caso del Raá, aliñado muy sabroso, va con un pocillo de arroz. En la misma calle -Atanu Tekera-, y abierto hace poco, está Hetuú, más amplio y con aires de rodaje. Para probar la mano, primero un carpaccio de atún, con cortes que calificaban más como sashimi. Pero bueno, es cosa de cambiarle el nombre. Y otro cebiche más, de buen tamaño y sabor. Otro punto para la Isla. Sin dejar de considerar que hay un restaurante japonés -Kotaro, para quien quiera su wasabi y su gari-, la idea era seguir probando y la novedad era el recién abierto La Kaleta. El problema es que estaba demasiado recién abierto. La atención, mala (lenta y olvidadiza). Y el carpaccio, tan cubierto de queso que podría haber sido cualquier pescado. Sobre el cebiche, estaba mejor (con pimientos y harto cilantro), y venía con pan de plátano y chips de camote.
Después de esta experiencia, hubo que correr un riesgo para recuperar la fe. Las leyendas urbanas de la isla hablan del mal humor del “Vikingo”, un galo propietario de La Taverne du Pecheur. Lo más suave es cuando retó a un turista por pedirle ketchup. Entonces, aprovechando un momento en que estaba ausente, fue el minuto de probar el mejor cebiche y el mejor carpaccio de todos. Bien servidos, bien hechos -eso sí es Carpaccio- y abundantes, y con la mejor carta de vinos de todas (hasta mejor que la del Explora, que es de lujo), con una selección de etiquetas que beneficia su combinación con tan magnífico pescado. Y si el francés es pesado, la otra cruda verdad es que su cebiche es realmente magnífico.
Dos recomendaciones sin atún
Ir al bar del Hotel Explora. Cuesta llegar, ya que no hay señalizaciones, pero es de una belleza inédita. Hay muy buenos vinos.
Probar los helados artesanales de Mike Rapu en la caleta. Los hay de frutos locales.
Fuente: Wikén. Fotos: Velvetescape
Te agrada este post? Si deseas deja un comentario o suscribete a mis feeds y obten los articulos automaticamente en tu lector de feeds.









otro imperdible de la isla, quizas menos sofisticado que los datos anteriores. Se trata de un kiosko ubicado en Anakena, donde atiende la Nua Gladys Manutomatoma…la vieja es de temer, les aseguro que con peor humor que cualquier frances, es capaz de insultar en 5 idiomas distintos…pero tiene unas empanadas de atun y queso que son increibles!!…igual que los jugos naturales…espectacular, además cuando te acostumbras a los insultos, la vieja termina siendo un encanto.