Ensamble Quintessence; El Jazz Se Viste de Gala
Los 13 miembros de Ensamble Quintessence son de lo más selecto de la nueva generación.
Un contrabajo, un saxo, una guitarra, unas baquetas y otros instrumentos varios se pasean por las manos de diez de los trece músicos de Ensamble Quintessence en el Teatro Municipal. La mayoría ha llegado por separado, pero se saludan como compañeros de colegio en el primer día de clases después del verano. Mientras unos sonríen felices para la foto a la que han venido a posar, otros no paran de bostezar. De repente alguno juega a sacar melodías de su instrumento, o se sienta en el piano del foyer a improvisar una tonada. Luego, es el saxo el que suena fuerte para probar por primera vez la acústica del elegante lugar; no lo hace sólo por jugar, sino porque el próximo 19 de marzo, los instrumentos y sus músicos (y viceversa) de esta miniorquesta de jazz tendrán que unirse en armonía y a ratos en improvisación en este docto escenario. Se trata de un hito para una banda de jazz joven y contemporánea, pero también una buena noticia para el pequeño, pero cada vez más fuerte, mundo del jazz chileno.
MADE IN CHILE. El Ensamble Quintessence nació en 2005, cuando Federico Dannemann venía llegando de profundizar sus estudios musicales en Londres y Roberto Dañobeitia de España. Ambos decidieron unir sus respectivos cuartetos y quintetos de jazz para formar un pequeño proyecto de orquesta para el que compondrían música propia. Los miembros venían de distintos lados: algunos se conocían desde los 14 años, cuando estudiaban en la escuela de Jazz de Roberto Lecaros (una de las únicas que existían a principios de los 90), un par de miembros se formaron en la Conchalí Big Band, y quizás otros se ubicaban de noches de tocatas en el Club de Jazz.
Cuando todavía ni grababan un disco, en 2006, tuvieron su primer gran hito: salieron cuartos en una competencia internacional de intérpretes de jazz en Granada, España, en donde concursaron más de 60 bandas. Recuerda Dañobeitia: “Fue una casualidad. Teníamos un demo con las cosas que habíamos hecho en 2005. Yo supe de este concurso, y lo envié así como para probar. Y de repente me llegó un e-mail diciendo que estábamos en cuartos de final, después en la semifinal, hasta que llegamos a la final”.
Al año siguiente, gracias a aportes del Consejo Nacional de la Música, Quintessence logró grabar su primer disco; claro que a la manera del jazz chileno. “Lo grabamos en el Club de Jazz como lo hacía Duke Ellington en los años 40: con sólo dos micrófonos y todos tocando no más”, cuenta Dañobeitia. No fue por nostalgia, sino porque, simplemente, es lo que hay.
Luego fueron escalando en tamaños de escenario, hasta llegar al Providencia Jazz, que este año tuvo cerca de 12 mil espectadores en sus tres días; y donde los otros chilenos que se presentaron fueron Felipe Riveros y Claudia Acuña. Para los miembros de Quintessence, el éxito de este evento no es porque ahora el jazz se haya puesto de moda. Opina Roberto Dañobeitia: “La publicidad y la televisión hacen mucho. El público que fue a Providencia no era erudito en jazz, creo que el 90 por ciento no entendía nada de lo que estaba pasando. Pero lo que sí creo es que esto demuestra que el jazz es una música muy atractiva para escenarios en vivo y que si la gente lo va a escuchar, le gusta”.
LA SELECCIÓN
NACIONAL. Desde su creación en 2005, Ensamble Quintessence ha sido llamados “la selección nacional del jazz”, ya que sus músicos profesionales, todos entre 22 y 35 años, son lo más selecto de la generación de recambio de este ritmo. El periodista de música y experto en jazz Iñigo Díaz, opina que ellos están “un paso más arriba” que otros compositores de su edad. Y que tienen más ambición que la media de los músicos jazzísticos: “A los músicos les gusta mucho tocar en clubes a mitad de semana. Incluso cuando no va mucha gente se producen momentos especiales en la música. Pero Quintessence ha buscado formas de ‘vestirse’ de otra manera y cruzar una línea que separa la audición de jazz común de la de la música docta. Por eso han elegido escenarios distintos, que además les permiten aparecer frente a gente que no tiene idea dónde están los clubes de jazz: Aula Magna de la Universidad de Chile, sala de conciertos del Goethe, el teatro de Matucana 100. El Municipal es como lo máximo en este sentido”.
Pero los miembros de Quintessence son cautos al hablar de lo que significa para ellos hacer un concierto en el Teatro Municipal. Rodrigo Galarce, contrabajo, explica: “Es importante tocar en el escenario más prestigioso de Chile. Pero la envergadura la veremos después. No hay expectativas, sino que se ha hecho lo humanamente posible para lo que es el género”.
Es una mirada realista a la escena del jazz nacional: aunque ha cambiado mucho en los últimos diez años, con cerca de 15 festivales a lo largo del país; con más universidades y academias (lo que se traduce en más músicos profesionales) y más lugares donde tocar, el jazz sigue siendo tocado y apreciado por un círculo pequeño, en donde los músicos tocan instrumentos y también puertas para lograr trabajar. Pero ellos no se quedan: Además de ensayar para su gran noche en el Teatro Municipal, este año grabarán su segundo disco, gracias a que ganaron el Fondo de la Música. Una ayuda que para ellos, y para el jazz, es vital. “Sin el fondo del gobierno, esto es imposible. Un disco, estamos hablando de 6 o 7 millones de pesos, es mucha plata, no podemos financiar todo eso”, dice Roberto.
¿Y cuál es la meta de estos músicos de jazz? Vivir para tocar. “Una filarmónica recibe un sueldo, se juntan todas las semanas a trabajar. ¡Imagínate lo placentero que debe ser eso! Para nosotros es un poco imposible, no podemos pretender proyectarnos en eso”, dice Rodrigo Garcés, “Pero lo que sí pretendemos es tocar”.
Imprescindibles del jazz local
Alüzinati: Fusión para bailar
Cantantes, músicos e ingenieros componen este colectivo exponente del nu jazz, estilo que se atreve a fusionar música negra (jazz, soul, funk y blues) con la electrónica. Consuelo Schuster canta junto a invitados como el hiphopero Pedro Foncea, para hacer un jazz bailable.
La Marraqueta: Batido criollo
Este cuarteto nació en los 90 y luego de tres discos ha logrado un mestizaje entre nuestro folclor y el jazz de improvisación. Y se han transformado en un referente del jazz chileno al viajar por Latinoamérica presentando su “fusión criolla”.
Cristián Cuturrufo: Maestro de la trompeta
Aclamado por la crítica como el “más rápido y ardiente” trompetista del bop chileno. Ha compartido escenario con grandes del jazz como Iván Lins y Mark Elf. Eterno colaborador de los jazzistas locales, fundó el Club de Jazz en su natal Coquimbo y ahora se prepara para tocar en el Sudeste Asiático.
Jazzimodo: Pop elegante
“Hacer música de un modo jazzy” fue la idea que unió a la cantante Paz Court y al pianista Lautaro Quevedo. Ellos forman un dúo swing que se atreve a elaborar jazz sobre bases electrónicas y sonar como el pop más alegre y pegajoso. Un ejemplo es el single “Caramelo” que está sonando en las radios.
Christian Gálvez: Colaborador versátil
El Altazor a Mejor Disco de Jazz 2008 fue para “Imaginario”, del bajista eléctrico que ostenta la más variada lista de colaboraciones, que incluye haber sido productor de baladistas nacionales como Alberto Plaza y Andrea Tessa, e integrante de las bandas de Billy Cobham y Stanley Clarke.
Camila Meza: La joven clásica
Esta cantante y guitarrista es un descubrimiento: ha liderado tríos, cuartetos y quintetos jazzísticos. Siempre influenciada por la figura de Claudia Acuña, el año pasado fue a ver tocar a las big bands en los clubes nocturnos de Manhattan y ahora se alista para volver a perfeccionarse en la New School de Nueva York.
ENSAMBLE QUINTESSENCE EN EL MUNICIPAL
19 de marzo, 20 horas. Desde $2.000 a $15.000
Integrantes: Francisco Núñez (dirección), Sebastián Jordán (trompeta), Jaime Navarrete (trompeta), Juan Saavedra (trombón), Cristián Gallardo (saxo alto, flauta), Claudio Rubio (saxo, tenor y soprano), Agustín Moya (saxo tenor), Diego Manusevich (clarinete bajo), Federico Dannemann (guitarra), Roberto Dañobeitia (guitarra), Rodrigo Galarce (contrabajo), Lautaro Quevedo (piano), Félix Lecaros (batería). Invitada: Francesca Ancarola.
Isabel Plant y Javiera Hernández. Wikén
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Comentarios
Muy bien la Conchalí Big Band!!! Yo los vi en el Club de Jazz de Santiago y hay demasiado talento jóven. Creo que tocan este finde también. Miren, revisen la cartelera de eventos de musica en vivo de esa página. Salen bastantes del CdJ y bien baratos…
Así que no hay excusa!
Jose.









Srtas. Isabel y Javiera:
He escuchado varias veces a Camila Meza y la descripción la joven clásica me parece poco precisa. Su quinteto no tiene mucho de clásico,mas bien moderno, excepto porque tocan algunos standards. Su principal gracia es que canta y además toca muy bien guitarra, que es lo que fue a estudiar a Nueva York.
Sobre Galvez, más allá de las colaboraciones con baladistas, un detalle a mi parecer ya que estamos hablando de jazz, sus colaboraciones importantes son con Luis Salinas, Joe Vasconcellos, Cobham y Clarke. Hay que destacar que tiene varios discos donde pasa por standards, fusion experimental, ritmos latinos (tambien canta en America Luz) y otro donde practicamente hace de guitarrista (Imaginario), además de su virtuosismo en el bajo.
Jazzimodo no es un duo swing, es un cuarteto con bajo y bateria reales, donde se mezcla la electronica, el pop, el jazz moderno y el soul.
Sobre la Marraqueta, jazzde improvisacion?, de donde sale ese término?.El jazz presume improvisación, es su esencia. Por otro lado,lo que hacen es jazz fusion con algunos ritmos de folclor. Excelente banda, la mas importante del jazz fusion chileno a mi parecer.
Saludos