El Sabio de Magallanes
Con más de una década de trabajo en terreno, el ecólogo Ricardo Rozzi conoce como pocos el territorio austral de Chile continental. “Es una zona sin réplica en el planeta, donde hoy la extinción cultural es más seria que la biológica”, dice.
En tiempos ancestrales, dice la leyenda, Cabo de Hornos vivió una gran sequía y los seres humanos –que según la cosmología yagán eran, a la vez, entidades animales y espirituales– comenzaron a morir. Sólo un zorro tenía una laguna para él y su familia, que se negaba a compartir. Ante la negativa, la comunidad invocó la ayuda de Omora, un colibrí. Incapaz de hacerlo cambiar de opinión, el ave partió a pensar a la cima de una montaña y volvió para matar al zorro con un arpón. Desde ese día, más que un pájaro pequeño, Omora es un héroe.
“La historia está grabada en lengua yagán, en la voz de la abuela Úrsula, una de las últimas personas cien por ciento yagán, que practicó el estilo de vida nómade navegando por lo canales, hoy muerta”, cuenta Ricardo Rozzi desde la Universidad de North Texas, donde pasa seis meses al año, a cargo de un programa que estudia el extremo austral de Sudamérica.
Ecólogo y filósofo ambiental, en Chile Rozzi investiga en el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y preside la Fundación Omora, una ONG dedicada a la “conservación de la cultura y naturaleza del fin del mundo”, que –junto a la Universidad de Magallanes– gestiona un parque en Puerto Williams, costa norte de la Isla Navarino.
En el parque hay bosques de lenga, ñirre, coigüe y corre el río Róbalo, que provee de agua a Puerto Williams. “Costó decidir el nombre de la organización, pero como nuestra primera misión es proteger la cuenca de agua más austral del mundo, la bautizamos Omora”, explica.
Así, con un pie en Texas y otro en Magallanes, Rozzi trata de investigar y conservar “uno de los ecosistemas más invaluables del planeta”.
“El parque sirve como centro científico para la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos. Y hoy, con los efectos del cambio climático es fundamental estudiar y proteger estos bosques, los más australes del mundo, porque se trata de una zona única en todo el planeta”, dice.
De la mano de su abuelo, médico y comisionado del Servicio Nacional de Salud para el sur de Chile a comienzos de los 60, Ricardo Rozzi tenía cinco años cuando conoció paisajes y gente de Galletué, Icalma, lago Budi y alrededores. “Las rondas médicas duraban dos semanas, tres, un mes entero, en que mi abuelo atendía enfermos de comunidades pewenche y lafkenche. Así conocí el valor de esas culturas. De la medicina mapuche, el valor de las plantas, la interacción del hombre y la naturaleza en armonía”, recuerda.
Por todo eso, no fue extraño que Rozzi estudiara medicina y, luego, en cuarto año, se retirara para hacer cursos de filosofía y licenciarse en biología en la Universidad Católica. Para seguir estudiando plantas y aves, viajó por Chile y Sudamérica, y en 1995 se radicó en la Región de Magallanes.
–¿Cuál es la importancia ecológica de esta zona?
–Primero, es un área de gran concertación de biodiversidad. Segundo, es un área prístina, con extensas porciones de territorio virgen. Más de la mitad de los bosques vírgenes del planeta están en el extremo norte de la Tierra. Un tercio restante está en zonas tropicales, sobre todo en la cuenca amazónica, lo que convierte a los bosques templados y subantárticos del sur de Chile en una tierra única.
–A simple vista, Cabo de Hornos no parece destacar por su biodiversidad, como sí el Amazonas.
–Eso tiene que ver con un cambio de enfoque que recién se está produciendo. En los años 90, la ciencia se enfocó en los peligros que corrían árboles y animales de gran tamaño. En cambio, hoy se está observando la biodiversidad de insectos, invertebrados, hongos y bacterias que producen nitrógeno, absorben carbono y contribuyen a la formación de los suelos, y que también están en peligro. Es algo nuevo para la ciencia; un foco de atención que aún no llega a los políticos ni a la programación del canal National Geographic.
–¿Y el extremo sur es tan importante desde esa perspectiva?
–Más que eso: es un tesoro. Un territorio con un valor único para el planeta: contamos con una concentración como no hay otra de líquenes, musgos y organismos pequeños, a la que metafóricamente llamamos “bosques en miniatura”.
–¿Y cómo está la fauna mayor?
–En la Reserva Cabo de Hornos destacan los mamíferos marinos y las aves, que allí tienen un medioambiente ideal para su conservación. El mejor ejemplo es el carpintero gigante, o negro. Especie hermana del carpintero pico de marfil y del imperial, ambas extintas, el carpintero gigante vive sin problemas en los bosques del Cabo de Hornos. Es un emblema desde el punto de vista de la conservación mundial.
–¿Y cuál es la situación actual de la etnia yagán?
–La abuela Cristina es la única persona viva que habla desde la cuna la lengua yagán y eso significa que la cultura está en peligro, pues sin lenguaje no hay cultura. La mirada de la mayoría sólo está enfocada en la pérdida de biodiversidad y, a nivel mundial, la extinción lingüística es lo peor que está sucediendo. Hoy se hablan 6.900 idiomas en el mundo y se estima que en este siglo se va a perder un 90 por ciento.
–¿Cuáles son los hitos del declive de la cultura yagán?
–En la segunda mitad del siglo 18, cuando se produce el primer contacto con el hombre europeo, se calcula que había 5 mil yaganes. No hubo una matanza como la que sufrieron los onas, pero a los yaganes se les impuso un cambio cultural al llevarlos a las islas Malvinas o asentarlos en haciendas, coartando su estilo de vida nómade. El tiro de gracia fue en 1953, cuando se fundó el liceo en Puerto Williams y, por orden del Estado, los niños debieron aprender castellano, el aspecto más visible de la pérdida de su cultural.
–¿Y cuáles son los menos visibles?
–Para ilustrar eso sirve, como ejemplo, el caso de los gustos culinarios de la abuela Úrsula. Recuerdo que uno de sus platos favoritos era el ganzo silvestre, o caiquén, que hasta hoy es muy abundante en las costas del Archipiélago de Cabo de Hornos, pero que ya no se usa como alimento.
Rodrigo Cea. Revista Domingo
Te agrada este post? Si deseas deja un comentario o suscribete a mis feeds y obten los articulos automaticamente en tu lector de feeds.
Comentarios
hola ricardo, bien interesante todos los puntos de tu articulos, me gusta mucho la region estuve en porvenir hace poco tiempo, me encanta la cultura de los nativos de tierra del fuego sus bosques, vicite el museo pero encontre que habia mas informacion de los colones croatas buscadores de oro que de los alakalufes, yaganes onas.,etc,.buen trabajo bien valorisante.,.,.,un amigo y adepto de la patagonia chilena,.,tu amigo patricio pizarro, un aventurero…









hola: desde Mexico escribo para opinar sobre este articulo que habla de los yaganes. Desde hace tiempo como 4 o 5 años en tiempo libre he leido sobre estos nativos, comparto su opinion en muchos aspectos en cuanto a su forma de vida que era maravillosa sin embargo tengo el problema de la bibliografia ya que aqui en Mexico no existe casi nada de ello. La poca que tengo la he conseguido en los EEUU
Me gustaria tener contacto con el señor Rozzi este es mi mail tengo muchas inquietudes y dudas por mi falta de informacion y creo compartimos la misma pasion por esta bella zona del mundo que algun dia espero tener el honor de conocer.
Coordialmente Manuel Nava Campos