Vegetales Modificados en Chile de Impacto Mundial

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Un tomate que sirve como vacuna contra la hepatitis, cítricos que pueden cultivarse en el desierto, trigos y arroz resistentes a los herbicidas son algunos de los productos que se están desarrollando en el país. Lo que falta son más científicos.

Que un niño solamente comiendo tomates, y sin necesidad de vacuna alguna, logre inmunidad contra la hepatitis C parece ciencia ficción, pero no tiene nada de eso, es ciencia y desarrollada por expertos chilenos. Esa y otras investigaciones de alto impacto están realizándose, muy silenciosamente, en el país para el sector .

Aunque todavía se enfrentan graves cojeras, como la baja cantidad de científicos en el sector silvoagropecuario, menos de 200 - una cifra escasísima si se quiere ser potencia alimentaria- la investigación en Chile está tomando un nuevo impulso. Es el resultado de un proceso que empezó hace 15 años y que por estos días está rindiendo frutos, no sólo en el número de proyectos que surgen, sino en que algunos de ellos muestran que el país está en la línea de avanzada en muchas áreas.

Todo partió a mediados de los 90, con un cambio en la forma como se asignaban los recursos públicos para investigación. Esto significó pasar desde asignaciones directas a las universidades a otro sistema en el que se concursa por los recursos.

“Fue complejo, implicó un cambio cultural que cuajó recién en 2001. Ahora tenemos más del 70% de aprobación de proyectos, creemos que no es tan difícil que una buena idea, bien formulada, cuente con recursos. En 2007 capturamos $7 mil millones de pesos y este año tenemos un presupuesto de $9 mil millones”, explica Ernesto Labra, subdirector nacional de investigación y desarrollo de Inia.

El segundo salto fue el encadenamiento de la investigación. Ocurre que la estructura de financiamientos en Chile es a 3 o 4 años, eventualmente 6 y si se trata de generar una nueva variedad, por ejemplo, el tiempo necesario es de 10 a 15 años. Por lo que, antiguamente, las investigaciones quedaban a medias. Es decir, por la naturaleza del sistema, se llegaba a un nivel que no alcanzaba a ser un producto terminado, y quedaba un stock de resultados que recién hoy día se están retomando.

“Había muchos proyectos que eran de corto plazo, tenían un carácter muy acotado, y cuando esa investigación no alcanzaba a tener el resultado final, las teníamos prácticamente ahí invernando. Ahora, con la nueva estructura de gestión y los recursos que se han inyectado a través del royalty minero, hemos ido retomando esos temas”, explica Ernesto Labra.

Y se cambió la manera de trabajar, en solitario y por proyecto, a un sistema en conjunto, donde los proyectos se van encadenando sin importar si son instituciones o universidades distintas, como un sistema de postas en que uno le entrega la información al otro. Por ejemplo, lo que se está haciendo con los carozos. A través del proyecto Genoma 1, la Universidad Andrés Bello, Inia y Fundación Chile están identificando los genes de carozos con resistencia, es decir, que permitan alargar la vida de poscosecha de los duraznos, y esa información se la traspasarán a la Universidad de Chile que, a través del proyecto Genoma 2, la utilizará en los programas de mejoramiento genético.

“El primer proyecto ya está terminado y en 3 años podría estar listo el segundo. Con esto solucionaríamos el principal problema que tienen los duraznos y los nectarines, la harinosidad que impide que lleguen en óptimas condiciones a los mercados más alejados. Es como pasar de la enseñanza básica a alcanzar un nivel universitario”, señala Ernesto Labra.

La fórmula ya está entregando resultados y, al parecer, éstos serán de gran impacto. Como algunos de los que presentamos a continuación.

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TOMATES QUE INMUNIZAN CONTRA EL VIRUS DE LA HEPATITIS C:

Aunque no hay vacunas para el virus de la hepatitis C, la solución para no enfermarse podría estar en comer o tomar el jugo de un tomate. Claro que no cualquiera. Se trata de un proyecto de la Universidad Católica en el que se introdujo una proteína del virus de la hepatitis C, de manera que al comerse el tomate se estimula la respuesta inmune de las personas.

“Los tomates ya los tenemos, ahora estamos haciendo experimentos en animales para ver el potencial que tiene y si se podría hacer con otro tipo de vacunas”, explica Patricio Arce, doctor en ciencias con mención en ingeniería genética de la Universidad Católica.

Aunque todavía no está determinada la dosis necesaria, bastaría con que un niño se coma uno o dos tomates para quedar inmunizado de por vida.

“Tiene mucho futuro, la gente de otros países está súper interesada en ese trabajo. Acabamos de volver de Estados Unidos, de un congreso internacional sobre vacunas, donde nos invitaron para mostrar nuestros resultados. Somos pioneros de Latinoamérica”, señala Patricio Arce.

VARIEDAD DE UVAS PROPIAS:

La Universidad Católica, en conjunto con Asoex, está haciendo un plan de mejoramiento y generando variedades propias de uvas.

“Todas las variedades que hay actualmente se importan, queremos tener variedades chilenas, sin pepas, crocantes, con buena vida de poscosecha y buen gusto, de color blanco, negro y rosado”, señala Patricio Arce.

De aquí a cinco años, se espera que van a estar saliendo las primeras variedades que van a reemplazar a las ya existentes.

CÍTRICOS TOLERANTES A LA SALINIDAD:

Cítricos con tolerancia a la salinidad y menos requerimientos de agua es lo que se espera tener en unos 2 o 3 años más, siempre que se autorice la producción de transgénicos en el país.

“Lo que hicimos fue modificar genéticamente varios portainjertos de cítricos para hacerlos más tolerantes a la sal y a la falta de agua, por lo que podrían plantarse, por ejemplo, en el norte del país”, señala Patricio Arce.

Las plantas ya están listas; lo que se está haciendo ahora es seleccionarlas para ver cuáles son las más tolerantes, lo que podría tomar unos 2 o 3 años.

“Luego faltaría que se autorice a usarlos, porque la ley sobre transgenia en Chile todavía está en el Parlamento. Queremos que salga, es muy importante para el país que se regule este tipo de cosas”, señala Patricio Arce.

TRIGO Y ARROZ RESISTENTES:

Inia tiene lista una variedad de trigo resistente a la fijación de herbicida; es decir, se puede sembrar y aplicar herbicidas sin temor a que se afecte la producción. La gracia, además, es que se desarrolló con tecnología clearfield, en castellano cultivo limpio, que sin utilizar la transgenia permite tener resultados similares a ésta.

“A diferencia de la transgenia que usa genes de otra especie, lo que hacemos es tomar genes de la misma especie, en este caso del trigo, y se incorporan a la variedad que se quiere mejorar”, explica Ernesto Labra, subdirector nacional de investigación y desarrollo de Inia.

La misma tecnología se está usando ya en una nueva variedad de arroz que es inmune a la aplicación de herbicidas.

Además, a finales del próximo año estaría lista una variedad de trigo que permitiría hacer harina con mayor cantidad de fibra, sin que ésta sea perceptible, es decir, sin que el pan sea negro, por ejemplo. “Vamos a comer menos carbohidratos y más fibra con el mismo sabor que hoy día comemos pan blanco”, señala Ernesto Labra.

Cuánto se destina a la investigación

INIA GASTA APROXIMADAMENTE $21 MIL MILLONES DE PESOS AL AÑO EN PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO. EL 50% PROVIENE DIRECTAMENTE DEL MINISTERIO AGRICULTURA, EL 35% DE PROYECTOS CONCURSABLES - COMO FIA, INNOVA, CONICYT- Y EL 15% RESTANTE VIENE DE RECURSOS QUE SE AUTOGENERAN A TRAVÉS DE LA VENTA DE LOS RESULTADOS DE LOS PROYECTOS, COMO LICENCIAS, PATENTES Y ROYALTIES. UN PROYECTO DE GRAN ENVERGADURA, COMO EL DESARROLLO DE UNA NUEVA VARIEDAD, POR EJEMPLO, CUESTA ALREDEDOR DE US$ 6 MILLONES DÓLARES.

Lo que falta

SEGÚN RAFAEL VICUÑA, DECANO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS BIOLÓGICAS DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA, LA PRINCIPAL FALLA ES EL ESCASO NÚMERO DE INVESTIGADORES SILVOAGROPECUARIOS QUE HAY EN EL PAÍS.

“ES IMPENSABLE QUE PODAMOS SER EXITOSOS EN INVESTIGACIÓN SI NO TENEMOS UNA BUENA BASE CIENTÍFICA. SEGÚN ESTUDIOS, EN CHILE HAY ALREDEDOR DE 200 CIENTÍFICOS DEDICADOS A LA INVESTIGACIÓN SILVOAGROPECUARIA, PERO EL NÚMERO ESTÁ INFLADO. SI SE LIMPIA LA LISTA PODRÍAMOS LLEGAR A 100 O MENOS”, RECALCA Y SEÑALA QUE UNA FORMA DE SOLUCIONAR ESO PODRÍA SER APOYANDO A LOS INVESTIGADORES QUE HAY EN LAS UNIVERSIDADES O BUSCANDO INSTRUMENTOS PARA QUE EN EL MEDIO NO ACADÉMICO, COMO LAS EMPRESAS, SE DESARROLLE INVESTIGACIÓN TAMBIÉN.

“LA COMUNIDAD CIENTÍFICA ESTÁ SATURADA, LOS GRUPOS GRANDES TIENEN ENTRE 5 Y 6 INVESTIGACIONES CADA UNO Y NO LES CABE MÁS COMIDA EN EL PLATO. SE NECESITA QUE LAS AGRUPACIONES DE PRODUCTORES TENGAN SUS PROPIOS INSTITUTOS DE INVESTIGACIÓN, DEBERÍA HABER UN GRAN INSTITUTO DEL VINO FINANCIADO POR TODAS LAS VIÑAS, UN GRAN INSTITUTO DE LOS CEREALES, ETCÉTERA”, RECALCA.

Loreto Gatica Carbonell. Revista del Campo

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