El Nuevo Amanecer del Chardonnay

chardonnay.jpgLa reina de las cepas blancas renace en Chile. Desde los más variados valles del país, blancos puros y frescos comienzan a emerger sin nada de complejos.

Los chardonnay a los que nos han acostumbrado son, más o menos, así: muchos aromas a tostado de la madera, bastantes notas a mantequilla, frutas blancas bien maduras en el estilo de duraznos en conserva, cuerpos pesados, poca acidez, mucho dulzor. El tipo de blancos que se podrían tomar en el invierno, con lluvia, para calentar el cuerpo.

Nada contra ese estilo, por cierto. De tanta oferta similar, uno termina encontrándoles la vuelta. Un salmón al horno con una crema untuosa va muy bien o, quizás, hasta un lomo de cerdo a la parrilla. Sin embargo, es normal que esa cosa medio monotemática termine por aburrir, sobre todo cuando hace calor y la verdad es que sería preferible, ustedes saben, algo más fresco, algo para el cebiche. La situación, en buena hora, está cambiando.

Y el cambio, en este caso específico, no ha venido sólo por el lado de descubrir nuevos lugares (como por ejemplo el Valle del Limarí, tierra de grandes chardonnay), sino que también por un asunto de actitud. Los productores se han dado cuenta de que menos madera, menos madurez (es decir, menos dulzor) y menos fermentación maloláctica (la culpable de esos aromas amantequillados y esas acidez de leche) han permitido descubrir que un chardonnay puro, sin todo ese maquillaje, puede tener cierta belleza, un lado que hasta ahora permanecía oculto bajo los kilos de estuco.

Y prueba de ello es que incluso en lugares no especialmente aptos para chardonnay refrescantes, como Curicó (Miguel Torres) o Maipo (Cousiño Macul) están apareciendo ejemplos ricos en jugosidad, menos duraznos en conserva, en el fondo. Ahí se ve que la mano del hombre está jugando un papel determinante en la nueva cara de la que internacionalmente (y por culpa de los grandes vinos de la Borgoña, en Francia) se le conoce como la reina de las cepas blancas. La reina renace en Chile.

Aún contando con el despertar de estos valles, el gran porcentaje de los mejores nuevos chardonnay viene de zonas frías, influidas por las brisas marinas en Casablanca, San Antonio y también, por cierto, en Limarí. A la búsqueda de aromas más puros, con menos influencia de factores externos a la naturaleza, se une la fuerte presencia del Océano Pacífico. Partiendo por Casablanca, territorio en donde los chardonnay como calugones Pelayo hacían nata hace pocos años. Hoy, allí hay una nueva comunidad de ricos y frescos ejemplos que parecen estar dejando lentamente la madera y la sobremadurez. A veces, claro, se les pasa la mano. Si se topan con chardonnay que parecen jugo de limón o que tienen esos aromas a hierbas del sauvignon blanc, tómenlos como parte del proceso de aprendizaje.

En San Antonio, un valle por lo menos quince años más joven que Casablanca, la situación también va en alza. Más cerca del mar, allí se siente el frescor que imprime la Corriente de Humboldt, y también se siente el deseo de dejar que esa influencia se muestra con mayor claridad, nuevamente restringiendo el uso de la madera (o usándola con mayor control) y disminuyendo o definitivamente dejando a un lado la fermentación maloláctica.

Y, claro, al grupo se ha unido recientemente Limarí. En ese lugar, cerca del mar, en terrazas aluviales pegadas al río, el chardonnay ha encontrado un excelente lugar para crecer. La ecuación allí es la misma, pero esta vez a las nuevas técnicas enológicas y al frescor de las brisas marinas, se une el suelo con trazos de cal que al parecer imprimiría en los blancos un toque mineral rara vez visto en otros lugares de Chile, un detalle, no sé, quizás algo salino. No suena muy apetitoso si les digo que a veces huelen a piedra, pero esos aromas a piedra unidos a frutas blancas frescas sí que valen la pena.

Hoy, en el vino chileno hay muchas cosas por descubrir. Nuevas cepas tintas que nacen en lugares hasta hace poco vírgenes o menospreciados, muchos nuevos sauvignon que cada vez se muestran más como conjunto, en fin, de todas esas cosas ya hemos hablado y seguiremos hablando. A ese grupo de novedades se une ahora con fuerza y solidez esta creciente comunidad de chardonnay que, por primera vez, se quitan el maquillaje y muestran lo que estaba escondido.

Chardonnay imprescindibles

Casa Lapostolle Cuvée Alexandre, 2007, Casablanca.

Concha y Toro Amelia, 2007, Casablanca.

Cono Sur 20 Barrels, 2007, Casablanca.

Cousiño Macul Antiguas Reservas, 2007, Maipo (en la foto)

De Martino Quebrada Seca Single Vineyard, 2007, Limarí (en la foto).

Errázuriz Max Reserva, 2007, Casablanca.

Leyda Single Vineyard Falaris Hill, 2007, Leyda (en la foto).

Matetic EQ, 2007, San Antonio.

Maycas del Limarí Unoaked Reserva Especial, 2007, Limarí.

Miguel Torres Cordillera Reserva Privada, 2007, Curicó.

Ventisquero Queulat Gran Reserva, 2006, Casablanca.

Villard Le Chardonnay Grand Vin 2004 Casablanca

Viña Mar Reserva 2007 Casablanca

Yali Reserva 2006 Casablanca

Patricio Tapia. El Mercurio

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