Restaurante Puerto Calbuco, Grato y Sencillo Hallazgo

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Modesto y pequeñito, este casi escondido restaurante de la calle Bilbao sorprende, sin darse cuenta, con fresquísimas ostras, buen y económico curanto y sabroso pescado frito y chupes. ¡Qué lindo sería que hubiese 50 boliches así!

El íntimo y sabroso lugar llamado Puerto Calbuco, obviamente especializado en ostras, mariscos en general y buenos pescados, es un sitio de aspecto intemporal, platos ricos y sustanciosos y precios muy sensatos. Se ubica en un lugar nada simpático para automovilistas, la autopista en bajada en la que está transformada ahora la avenida Francisco Bilbao, unos metros más al poniente de la punta de diamante que se forma con Rancagua, que hasta la gasolinera de la esquina va de subida. Ésta es la referencia más cercana, y aunque el público parece ser clase media del sector, gente más cultivada que rica, quienes concurran de otras latitudes pueden estacionar sus vehículos en las calles laterales, como Román Díaz e Infante.

¿Cuáles son las gracias de este lugar pequeño, íntimo, que en invierno debe encender sus lamparitas aun a mediodía? Lo primero, la calidad del producto fresco del mar, que deriva del hecho de que la familia Soto, los propietarios, tienen desde hace mucho una venta de ostras y otros mariscos que traen directamente desde la localidad que da nombre al lugar, y que se ubica unos 30 metros al oriente del restaurante, por la misma acera norte, y que se llama, obviamente, Ostras Calbuco.

La segunda gracia es que en el restaurante las ostras son pan de cada día y, aunque no son muy grandes aquí la categoría de chicas, medianas, semiexportación y exportación que se usa en otros lugares está relativizada , son muy buenas, frescas y, por decirlo así, económicas. Un plato de las llamadas “medianas”, que en otra parte serían calificadas sólo de chicas, unas dos docenas, cuesta 4.500 pesos, una verdadera ganga. No nos olvidemos que las ostras y el salmón, del que ya estamos un poco saturados, son un lujo en todas las mesas del mundo.

Aparte del capítulo de las otras, el curanto en olla, o pulmay aquí las aguerridas garzonas le dicen simplemente curanto , es otra de las módicas glorias de la oferta. Lo hay casi todos los días y consta de picorocos, cholgas, pollo, costillar ahumado, longaniza y papa en muy buen y sustancioso caldo.

La bonhomía del joven chef Alexis, que redobla sus esfuerzos en Puerto Calbuco cuando tiene tiempo libre de sus afanes nada menos que en Astrid y Gastón, nos brindó la semana pasada como aperitivo una tacita del caldo de curanto y un par de trocitos de fritura, verdaderas tempura japonesa por lo delicadas y sabrosas. Fue un anzuelo, porque solicitamos luego algo parecido: congrio fileteado y rebozado como plato principal, junto con un sabroso pastel de jaiba, luego de tres empanadas de horno de marisco, sorprendentemente buenas, y un curanto.

Como el lugar es popular, modesto y sin pretensiones, el vino que sirven en vasos y no en copas es apenas de caja, del llamado “cartoné”. Pero con empanadas bien calientes, caldito de curanto y un delicioso pescado frito, sólo se sintió en el gaznate un vinillo alegre, frutal y algo dulzón, nada desagradable.

¿Cómo resulta recomendable este simpático lugar en una página en que también, por fuerza de las circunstancias, comentamos a menudo los fastuosos restaurantes de Nueva Costanera o Alonso de Córdova que no siempre tienen buena comida? La verdad, simplemente porque es bueno. Y porque de la simplicidad de las preparaciones de la gente de los archipiélagos y caletas del sur extremo surgen platos como un sabroso curanto o uno de ostras muy frescas, que normalmente no son capaces de servir muchos restaurantes con altas pretensiones.

Otro elemento de acero distingue a este nuevo hallazgo al que nos aficionaremos: los precios. Todo lo descrito éramos tres personas costó 22 mil pesos, poco más de siete mil por cabeza, incluyendo las ostras y hasta el vinillo de marras, lo único que este lugar podría mejorar.

Restaurante Puerto Calbuco. Av. Francisco Bilbao 908, Providencia. Teléfono: 251 80 78

Fuente: La Nación Domingo

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